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21 abr. 2010

El mal estudiante, poesía de Jacques Prévert

Jacques Prévert (Francia, 1900-1977) no fue un buen estudiante. Apenas obtuvo un certificado de estudios primarios, abandonó la escuela y se convirtió en  autodidacta. Cuentan que le gustaba decir que había hecho sus estudios  en la calle con los surrealistas, con quienes integró aquel movimiento artístico que propugnaba la abolición de toda frontera entre la vida y el arte. Participó en las actividades del grupo surrealista entre 1925 y 1929, un período en el cual no escribió pero -se podría decir- fermentó el núcleo duro de sus "imágenes", aquellas que, luego, desplegaría en poesías, guiones cinematográficos, adaptaciones teatrales y canciones populares.

Se apartó del surrealismo -conducido entonces férreamente por André Breton- e ingresó en el Grupo Octubre, una iniciativa de teatro popular -en la línea del teatro proletario del alemán Edwin Piscator y del teatro épico de Bertolt Brecht-, que lo impulsaría a escribir textos declamados a varias voces donde se encarnizaba contra políticos conocidos y respetables burgueses.

De la revolución surrealista a la revolución rusa había un paso que intentó franquear. Pero su experiencia en la Rusia de 1935 -ya en vías de acelerada burocratización- y las posiciones del comunismo francés lo desilusionaron. En el 36, firmará un llamamiento donde se denunciaban los procesos de Moscú.


Por esos años, comienza a escribir sus primeros guiones cinematográficos, particularmente con el realizador Marcel Carné, de cuya asociación surgirían "Extraño drama" (1937), "El muelle de las brumas" (1938), "Los visitantes de la noche" (1942), entre tantas otras películas.

Hasta los años cuarenta, no manifiesta interés en reunir en algún volumen las poesías que circulan a montones en las revistas de la época. De allí que, cuando decide hacerlo, aparecen, repentinamente, uno tras otro: "El caballo de Troya" (abril de 1946), "Historias" (junio de 1946) y, sobre todo, "Palabras" (mayo de 1946), uno de los libros que lo haría popular más allá de las fronteras de Francia.

Hasta su muerte siguió apelando a los diferentes medios de expresión que descubría e inventaba: collages, cine, teatro, literatura. Y siguió también denunciando la intervención francesa en Indochina y Argelia, o apoyando activamente los reclamos de los estudiantes que se levantaron en mayo de 1968.

Según Bretón, su obra "utiliza de manera soberana el atajo que puede hacernos sentir en un abrir y cerrar de ojos toda la sensibilidad y el fulgor de la infancia, alimentando indefinidamente el depósito de la rebeldía".

De sus poesías, seleccionamos "El mal estudiante", una vindicación de aquellos niños o jóvenes, curiosos del mundo y ávidos buscadores, indisciplinados en el sentido más pleno del término, que suelen ser,  el quebradero de cabeza de los docentes.


Dice que no con la cabeza
pero dice que sí con el corazón
dice que sí a lo que le gusta
y dice que no al profesor
está de pie
le hacen preguntas
y le plantean todos los problemas
de pronto se echa a reír
y borra todo
cifras y palabras
fechas y nombres
frases y trampas

entre el alboroto de los niños prodigio
con tizas de todos colores
sobre la pizarra negra de la desgracia
dibuja el rostro de la felicidad.
Vía mundodocente
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