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2 jul. 2009

Josep Pla y la Universidad


Josep Pla (1897-1981) es uno de esos genios literarios que son poco conocidos por el público en general. Una de sus obras más conocidas es el cuaderno gris, una obra que cayó en mis manos de casualidad y que inmediatamente se convirtió en uno de mis libros favoritos, a pesar de descubrir posteriormente, que bajo la estructura de un diario se esconde una novela, ya que el libro, se escribió con posterioridad, a los hechos que narra.


Hay pasajes en este libro que me siguen pareciendo geniales, por ejemplo su visión de la Universidad:

"Después de estos cinco años pasados en la Universidad, tengo la impresión de que lo que se suele decir rutinariamente, que se pierde el tiempo y que, al salir, es cuando toca empezar a trabajar y, sobre todo, cuando ha de olvidarse lo que allí se haya aprendido, es absolutamente secundario.

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A mi entender, el peor efecto de la institución es la falsificación que produce en la sensibilidad, en la inteligencia y en el carácter. Tiende a hacer ver las cosas no como son en realidad, sino a través de un cartón superpuesto. No es un esfuerzo por pasar de lo simple a lo complejo -como exige la vida- con el fin de llegar a una cierta visión quintaesenciada de lo humano. Es un esfuerzo por simplificar por medio de una trampa sistemática. La institución hace ver las cosas en pequeño, con miopía, favorece el cálculo, el truco, la astucia, la habilidad, la tendencia a convertir lo atrabiliario en norma de la vida.

En la Universidad, saber cuenta poco: lo principal es aprobar. He pasado cinco años de la vida en una facultad de Derecho: no he oído nunca hablar, así los mataran, de Justicia. No he oído nunca pronuncia la propia palabra. Probablemente la habrían desplazado en un ambiente que pretende crear pícaros, antes que personas de un cierto equilibrio humano. Así, la institución docente da armas fuertes a los débiles y lisiados morales, a los pequeños ambiciosos, a los quejicas desenfrenados, a los fanáticos, a los pedantes. Se aprenden todas las artes de la simulación y la zancadilla, la adulación y la habilidad. No se lucha nunca con nobleza y claridad. A los temperamentos fuertes los ahoga, los corrompe la Universidad.


Todo en su conjunto: los profesores, los libros, las ideas, los bancos, los patios, las aulas, los bedeles, las conversaciones, las piedras, las columnas, los condiscípulos... todo me ha dejado una impresión flotante de angustia fría, de cosa forzada e incomprensible, de absoluta falta de interés. En este ambiente no he encontrado, hasta ahora, nada que incite mi curiosidad, ni siquiera por parte de aquellos que habrían podido hacerlo. Una gran parte de los alumnos que atraviesan la puerta del edificio inmenso está perfectamente convencida que no hay nada que hacer.

A veces pienso que si los obreros, los comerciantes, los industriales, los campesinos, los banqueros fueran en el trabajo, en la industria, en la banca, en la tierra, como los profesores de la Universidad, todo se detendría y quedaría parado. El mundo se pararía en seco."

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