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17 ago. 2009

Comenius, padre de la Pedagogía





Así se lo bautizó a Jan Amus Comenius (1592-1670) en reconocimiento a su trabajo por establecer los principios fundamentales de la pedagogía como ciencia autónoma. Teólogo y filósofo de origen checo, Comenio fue un hombre convencido de la importancia de la educación en el desarrollo espiritual del hombre.



Sus conocimientos sobre la ciencia de la enseñanza y el aprendizaje trascendieron la zona de influencia de sus primeras actividades. Por este motivo, entre 1638 y 1648 fue convocado desde Suecia e Inglaterra para colaborar con las reformas educativas que allí se estaban desarrollando. Su principal obra educativa lleva como título Didáctica magna, obra fundante de la tradición pedagógica moderna, donde estableció el principio rector de su ideal pedagógico: "Enseña todo a todos".



Se destacó, además, por haber sido el autor de uno de los primeros libros ilustrados para chicos: Orbis pictus. En Didáctica magna, Comenio sintetiza todo lo reflexionado hasta ese momento sobre la educación. La obra está dividida en tres partes: Didáctica general, Didáctica especial y Organización escolar. Allí confluyen los ideales humanistas del Renacimiento, el cristianismo que Comenio profesaba y las características de una modernidad naciente. Los especialistas del campo educativo afirman que la escuela, tal como la conocemos hoy, es el resultado de la aplicación de las ideas de Comenio concebidas hace ya más de cuatrocientos años.


Su plan para la organización escolar se basaba, fundamentalmente, en que un maestro enseñe a un grupo de alumnos, que estos estuvieran agrupados según su edad y grado de capacidad. Cada escuela, según su teoría, debía formar parte de un sistema educativo, las instituciones escolares no podían ser totalmente autónomas; también debía haber un calendario escolar único y era imprescindible que el libro de texto como herramienta de enseñanza combinara textos escritos con imágenes. La propuesta de Comenio de educación para las mujeres, su iniciativa de suprimir los castigos físicos por el amor y la comprensión y la concepción de la educación como un proceso que acompaña al sujeto durante toda su vida son una muestra de lo avanzado de su pensamiento para la época que le tocó habitar.


Fragmento*:


Cómo puede ser que con unos mismos libros se instruyan todos. Cinco cosas hay que tener en cuenta:


I. No deben tolerarse otros libros.


Nadie ignora que la pluralidad de objetos distrae los sentidos. Notable ahorro de trabajo tendremos, en primer lugar, si no se consienten a los escolares otros libros que los propios de la clase en que están; para que a su norma perpetua la que se mostraba entre los antiguos a los que hacían sacrificios: ¡Haz esto! Pues más llenarán éstos el entendimiento cuanto menos distraigan los otros la vista.




II. Debe tenerse abundancia de los propios en la clase.


En segundo lugar, si se tienen preparadas todas las demás herramientas escolares, tablas, programas, borradores, diccionarios, sistemas de artes, etc. Pues cuando los Preceptores mandan hacer a sus discípulos los carteles alfabéticos, prescriben la forma de la caligrafía y dictan los preceptos, textos o traducciones de los textos, etc., ¡qué gran cantidad de tiempo pierden! Más cómodo será tener impresos en número abundante los cuadernos que son necesarios para todas las clases y aquéllos que hande traducirse al idioma corriente con la traducción colocada debajo. Así, todo el tiempo que había de consumirse en dictar, copiar y traducir podrá emplearse con mayor utilidad en la explicación, repeticiones y ensayos. (...)




III. Los libros deben estar cuidadosamente escritos, pero al alcance de todos.


Los libros o cuadernos indicados deben adaptarse perfectamente a nuestros principios, ya expuestos, de facilidad, solidez y brevedad en todas las escuelas, tratándolo todo llanamente con fundamento y cuidado para que constituyan una exactísima imagen de todo el universo (que ha de grabarse en el alma). Y con gran encarecimiento advierto que todo debe estar expuesto con llaneza y con lenguaje corriente a fin de que ilumine de tal manera a los discípulos que pueden comprender de modo natural, y sin necesidad de Maestro, cuantas enseñanzas encierre. Por qué debe emplearse la forma de diálogo. A que fin deseo que los libros estén dispuestos en forma de diálogo.


Por estas razones:


1) Por la facilidad en adaptar las materias y el estilo a los entendimientos infantiles, y así nada les parecerá imposible, arduo o difícil en extremo, puesto que nada hay más familiar y natural que la conversación mediante la cual puede el hombre ser llevado poco a poco, y sin apenas darse cuenta, al punto que se quiera. Este procedimiento, a fin de ponerse al alcance de todos, es el que emplean los cómicos para recordar al pueblo los hechos pasados; también lo siguió Platón en toda su filosofía, Cicerón en muchas de sus obras y Agustín en toda su teología.


2) Los diálogos excitan, animan y mantienen la atención, tanto por la variedad de las preguntas y respuestas, mezcladas con sus razones y formas, como por la diversidad y mutación de las personas que intervienen en ellos, con lo cual se mantiene el espíritu sin cansancio, despertándose, en cambio, mayor deseo de escuchar.


3) Hace la instrucción más sólida. Pues de igual modo que tenemos más vivo recuerdo de aquellas cosas que hemos visto que de aquellas otras que solamente hemos oído, así se adhiere con mayor tenacidad a nuestro entendimiento cuanto aprendemos o conocemos mediante una comedia o conversación (porque además de oírlo nos parece que lo vemos) que todo lo que escuchamos en la escuela recitación del Preceptor, según la diaria experiencia nos confirma.


4) Como gran parte de nuestra vida transcurre en la conversación, será el camino más breve en la educación de la juventud acostumbrarla, no sólo a comprender cuanto le es útil, sino a hablar acerca de ello con soltura, circunspección y facilidad.


5) Por último, los diálogos son en extremo útiles para hacer los repasos con facilidad, aún los mismos discípulos entre sí.




IV. De una misma edición.


Sumamente provechoso será que los libros sean de una misma edición, coincidiendo en sus páginas, líneas y en todo, para ayudarse en las citas y en la memoria local y no ofrecer motivo a dificultad de ninguna especie.




V. Debe dibujarse en las paredes el contenido de los mismos.


También reportará gran utilidad que el contenido de los libros se reproduzca en las paredes de la clase, ya los textos (con enérgica concisión), ya dibujos de imágenes o emblemas que continuamente impresionen los sentidos, la memoria y el entendimiento de los discípulos. Los antiguos nos refieren que en las paredes del templo de Esculapio se hallaron escritos los preceptos de toda la medicina que transcribió Hipócrates al visitarle. También DIOS, Nuestro Señor, ha llenado este inmenso teatro del mundo de pinturas, estatuas e imágenes, como señales vivas de su Sabiduría, y quiere que nos instruyamos por medio de ellas. (...).




*Comnenio, J. A. Didáctica Magna, Ed. Porrúa, México.





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