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5 jun. 2012

Matar a un ruiseñor

Se cumple un año de la primera vez que el ruiseñor sirio empezó a cantar en la plaza. Era 27 de junio de 2011. En la plaza Al-Assi, en Hama, un cantante, empezó a entonar unos versos que un poeta local había escrito contra el dictador de Siria, Bashar Al Assad, y su gobierno:
Bashar, no eres de los nuestros / llévate a tu hermano Maher, conspirador de los americanos y lárgate / tu legitimidad ha caído / la libertad está a las puertas / que te jodan Bashar, a ti y a todos los que te apoyan / tus errores no tienen perdón / Siria quierer libertad.




La masa congregada a su alrededor se unía a él en el estribillo, cantando con voz encendida la frase por la que sería conocida la canción: Venga, vete ya Bashar. Centenares de teléfonos móviles grabaron el momento y lo subieron a la red. Aquel canto se convirtió en el grito de guerra y de libertad del pueblo sirio y  su autor fue apodado “el ruiseñor de la revolución”. Su nombre: Ibrahim Qashoush, un bombero de 42 años y tres hijos.


Ibrahim escribía poesía como pasatiempo. Antes del levantamiento popular, sus versos hablaban de amor pero también de la pobreza, la precariedad, la escasez. Era normal que recitase algún poema en las reuniones de amigos, según cuenta uno de ellos. Cuando empezó el levantamiento en Hama, su poesía se volvió contestataria. Y cada vez más furiosa y valiente. La muerte de más de 60 personas a principios de junio en los enfrentamientos con las fuerzas del régimen que tuvieron lugar en su ciudad, le hicieron estallar en aquellos versos indignados que pronto correrían de boca en boca. Él ya no estaba dispuesto a callar la suya.
La voz airada de aquel bombero prendió la llama. Su falta de miedo para decir lo que muchos pensaban se contagió a muchos. Otras canciones suyas de burla al régimen sonaron en las calles en los siguientes días y animaron las protestas. El 1 de julio, Ibrahim encabezaba una nueva manifestación en Hama. Miles de manifestantes repetían su demanda: Venga, lárgate Bashar. El canto del ruiseñor volaba. Dos días más tarde, el 3 de junio de 2011, Ibrahim caminaba como cada día hacia su trabajo, en la central de bomberos de Siria. Según unos testigos, un coche blanco se detuvo a su altura. Unos hombres saltaron fuera, le agarraron con fuerza y le metieron dentro del vehículo que desapareció en unos segundos. Sus amigos y familiares estaban convencidos de que fueron agentes de seguridad del gobierno. El canto del ruiseñor había llegado muy lejos. Demasiado para algunos. Al día siguiente, hace hoy un mes y un año, un cuerpo apareció flotando en el río Orontes. Era Ibrahim Qashush.
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