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9 dic. 2009

El miedo a hablar en público, diez consejos para superarlo



Mirad al público, fíjaos en sus culos, sí he dicho bien, sus culos ellos están sentados y si mueven demasiado sus culos es que vosotros no estáis moviendo su corazón. [Juan Antonio Vallejo-Nagera]


Di lo que vas a decir, dilo, resume lo que has dicho .





El que sabe no habla; el que habla no sabe [Tao Te King]






Hablar en público es una de las actividades que mayor rechazo y pánico suele generar en las personas. Cuando hay que efectuar una presentación, es frecuente observar como prácticamente todo el mundo trata de evitar tener que desempeñar esa incómoda tarea.

Quizá el hecho de que desde pequeños hayamos vivido en una cultura que en cierto modo ha castigado a cualquiera que sobresaliera y que ha criticado a quien se diferenciara del resto ha generado un miedo en muchas personas a ser criticado cuando se exponen públicamente.

Por otro lado existe una especie de presión cultural a tener que hacer las cosas de manera perfecta. Nos exigimos mucho a nosotros mismos de modo que en cuanto estamos en un contexto en el que no podemos dar lo mejor de nosotros mismos, nos ponemos nerviosos. Y esto sucede a menudo con las exposiciones públicas.

Esta exigencia puede conducir a la pasividad; como no podemos hacer algo perfecto pues
entonces no lo hacemos. Pero ya sabemos que lo mejor es enemigo de lo bueno así que vamos a ver cómo podemos preparar una buena presentación oral en público.

La mejor manera de hacer cualquier cosa es haciéndola y esto sirve también para hablar en público. Si tenemos que hacer una presentación en público, lo mejor es hacerla y si el resultado no es perfecto, pero los asistentes se enteran del mensaje que queríamos transmitir pues no sólo habremos cumplido el objetivo de hacer la presentación sino el de acabar con el miedo a hablar en público.

Diez cosas que hay que saber antes de hablar en público:

[1] Empezaré recomendando algo que en estos tiempos llenos de recetas para todo y en
especial sobre cómo hay que ser y sobre lo que hay que decir, parece olvidarse a menudo: se tu mismo.

[2] Di lo que vas a decir, dilo y resume lo que has dicho . Siempre sugiero este esquema
porque lo principal es que las personas tengan una idea clara todo el rato de lo que están escuchando. Además, la repetición refuerza el aprendizaje.

[3] Es mejor que lo asumas desde el principio: si consigues transmitir una idea y todo el auditorio la ha entendido y además muestra una actitud favorable hacia ella, se puede decir que la exposición ha sido todo un éxito. Olvídate de intentar transmitir muchas ideas.

[4] Algunos de los grandes oradores que ha habido a lo largo de la historia han empleado la mirada como herramienta para captar totalmente la atención del público. Prueba a no empezar a hablar hasta que todas y cada una de las personas del público se encuentren en silencio.

[5] ¿Equivocarse deliberadamente? En el caso de que te confundas, no pasa nada. Prueba
a pedir disculpas y continua. El error humaniza al conferenciante y si se gestiona bien puede hasta servir como medio de acercamiento al público. La excesiva perfección vence pero no convence. El tiempo es diferente cuando uno escucha a cuando uno habla. Recuérdalo y trata de hablar despacio. Hablar deprisa da sensación de que lo que dice es poco importante.

[6] Emplea la inteligencia emocional y estate atento continuamente a tu público. Observa si lo que dices suscita interés o aburrimiento y modifica tu discurso sobre la marcha en función de esto. Empatízar significa comprender el estado en el que se encuentra la otra persona y lo que quiere y necesita. Empatizar quiere decir sintonizar con el otro, comprenderlo, entender qué le pasa, ser capaz de ponernos en su lugar y de vibrar en su misma longitud de onda.

Un pequeño truco para saber si lo que estamos diciendo está siendo del interés del público o si por el contrario éste está deseando que acabe, es prestar atención a la parte inferior del cuerpo. (recuerda a Vallejo Nagera)

Se pueden diferenciar dos partes en el cuerpo: de cintura para arriba y de cintura hacia
abajo. Mientras que la primera se suele asociar a la parte consciente del pensamiento, la segunda se suele asociar a la parte inconsciente [y nos ofrece una información más fiel de lo que realmente siente o piensa esa persona].

Hacer preguntas al público despierta la atención de éste y lo mantiene despierto. Si son muy difíciles, puede que el efecto no sea muy positivo.

[7] En una época colonizada por lo audiovisual, hay que tener mucha energía y recursos para mantener la atención del público, delante de una persona que está hablando, así que tendrá que intentar emplear algunos recursos, para hacer atractiva tu intervención.

- Existe una gran diferencia entre ofrecer una conferencia de pie o hacerlo sentado.

- El hecho de moverte por el escenario, hará que la gente tenga que seguirte para verte y esto mantendrá al público más activo.

- Emplea los silencios y los cambios en el tono de voz.

Piérdele el miedo al silencio y descubrirá
s que puede ser incluso más comunicativo que la voz.

- También, y dependiendo del contexto donde te encuentres, puedes no sólo salir de detrás de la
mesa, donde suelen parapetarse la mayoría de los conferenciantes, sino incluso pasearte entre el público.

[8] ¿Cómo empezar? Si lo que te da miedo es el comienzo, puedes emplear un truco que
consiste en memorizar las primeras frases de la intervención. De este modo, mientras las dices sin tenerlas que pensar mucho, vas cogiendo confianza y te familiarizarás con la nueva situación.

[9] ¿Qué tipo de argumentación empleo? Básicamente existen dos tipos de argumentación. Unilateral y bilateral. La primera no tiene en cuenta los argumentos del contrario. Argumenta directamente. La bilateral, sin embargo, resulta más convincente porque reconoce y desmonta los argumentos del contrario.

[10] Duración. Los primeros minutos van a ser fundamentales para determinar cuánto tiempo y confianza va a otorgarte tu público. Diferentes investigaciones apuntan a que la curva de atención decae a partir de aproximadamente unos veinte minutos. Si el contenido resulta lo suficientemente interesante, la atención puede durar el doble o el triple pero esto va a depender mucho del público y del contexto donde se inscriba la charla.

¿Has pensado en grabarte para comprobar cómo hablas? Presta especial atención a los siguientes elementos: el volumen de la voz, la entonación, la postura, la mirada y las coletillas que emplea. Suprímelas sin piedad. Si decir “ehhhhh” es humano, callar es divino.

Existen básicamente tres maneras de afrontar una exposición oral en público:


- Con el texto preparado. Exhaustiva, pero densa y aburrida.

- Con el esquema. Es más fácil suscitar el interés. Requiere seguridad y conocimiento de la
temática del orador.

- Sin ninguna nota. Requiere conocimiento absoluto. Cuidado porque puede acabar en una
exposición desorganizada o que no transmita alguna de las ideas fundamentales.

Los estudios de programación neurolingüística apuntan a que hay tres tipos de personas en función del canal por el que perciben mejor la información que les llega del exterior: personas visuales, auditivas o sensoriales.

Si empleamos en nuestro discurso palabras que pertenezcan a
los tres campos semánticos, aquello que decimos llegará a más personas y de una manera más directa. Estaremos hablando en el lenguaje de cada persona.
Espero que estos sencillos consejos os sean útiles, espero que los pongáis en práctica y ya me contareis los resultados, suerte.



Vía: Cómo gestionar la comunicación en organizaciones públicas y no lucrativas. Sergio Fernández. Edit. Narcea, 2007.

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